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Maria Cristina Arria

EL ALEPH

Primera letra del alfabeto sagrado, simboliza lo eterno, infinito, el volver al origen, nada se pierde todo se transforma y así por siempre.

Hace más de 20 años conocí a María Cristina Arria, quien luego se convertiría en mi suegra. Esta mujer elegante, refinada, culta, y extrovertida ha sido para todos sus hijos, nietos y familia el símbolo de estabilidad y de unión. La recordamos siempre inventado algo que hacer, algo que celebrar, oxidando metales, rescatando alguna tradición, creando postres sofisticados.

María Cristina siempre estaba detrás de algún invento; acompañada de su cámara grabadora Hi8, registraba todo lo que le interesaba con gran dedicación y en ocasiones pedía opinión sobre el trabajo que estaba realizando con el fin de mejorar su obra, involucrándonos por siempre con sus metales.

Ella ha sido mi suegra, así la conocí, así nos hicimos familia, así compartimos momentos hermosos como el nacimiento de mi hijo Santiago. Siempre la vi de como mi suegra y desde siempre me acogió como uno más de sus hijos; ella me hizo sentir el amor y la unión de la familia.

Creo que siempre la vi tan de cerca que jamás pude imaginar lo que era su vida como artista, la vi siempre como una mujer que inventaba constantemente cosas y hacía obras en hierro como pasatiempo.

Titulo este ensayo como una de sus obras, El Aleph, expuesta en el centro comercial El Recreo. Para mí esta obra era su mayor logro, hasta que un día, luego de casi 17 años, conseguí un libro sobre María Cristina que me sorprendió por la grandeza de esta artista. No era un pasatiempo como había creído todos estos años; ella fue una gran artista plástica.

Relacionada con los artistas más importantes del país, fue profesora de educación artística, estudió arte puro, participó en infinidad de exposiciones dentro y fuera de nuestro país, fue designada presidenta de la compañía “Siembra de Arte”, hizo donaciones de obras para beneficiar a los niños huérfanos y un sin fin más de fundaciones. Trabajó para el sector cultural público, para la UNESCO, y sus obras están en los museos mas importantes del país. Esto para resumir un poco la vida artística de María Cristina desde sus inicios en el año 1944 hasta el 2008, cuando realiza su ultima exposición en la Bienal 64 salón Arturo Michelena a sus 79 años.

Creo que cuando se trata de descifrar a un ser humano se llega a un gran problema, cuando se trata de hacerlo con un artista, el problema es aun mayor. Qué hacer si nos encontramos con la disyuntiva de desligar la vida cotidiana de la vida creativa? Nada! Ambas están interconectadas y sabemos que en esa conexión está precisamente uno de los secretos de la plenitud del creador. Una vida enriquece a la otra y viceversa. En el caso de María Cristina el personaje es uno solo, artista y ser humano que siempre han encontrado el lugar apropiado para reflexionar y entregarse a la fantasía de los sueños.

Sensibilidad humana y artística definen su carácter; fortaleza, energía y dinamismo su personalidad; lucidez e imaginación su producción plástica.

María Cristina tiene 87 años y ya no oxida los metales, solo lee por las tardes.

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